jueves, 11 de abril de 2019

"Menú degustación" de lecturas inspiradoras para el concurso literario




Aquí os dejo unos cuantos textos en los que la salud o la biotecnología están contadas en formato literario ( relato, microrrelato , crónica...) por si os sirven para inspiraros para el concurso de Ciencia en ficción. Ya veréis que los hay de todos los estilos ( divertidos, tristes, simbólicos, realistas, fantásticos…)

Para empezar unos cuantos microrrelatos, cortitos y contundentes (los últimos de cosecha propia, ya me perdonaréis la vanidad) :
Podeis dejar vuestros textos como comentarios a esta entrada, antes del día 10 de mayo
DESENCUENTRO ( Sara Lew)
Pasó cincuenta años en una cápsula de criogenia aguardando a que la clonación de su amada fuese viable. Cuando lo reanimaron ella se encontraba en la misma sala. Sin embargo la felicidad de él chocó con la hermética frialdad de la joven que, criogenizada, esperaba una futura implantación de recuerdos en los clonados.

El secreto de Victoria: la dieta del doctor Wilt Montoya ( Mel Nebrea)

Victoria iba a morir, y con ella sus 132 kilopótamos y las burlas de todos sus conocidos. Renacería como Vicky, en una talla XL que la mimetizase con el resto de fauna urbana.
El doctor Montoya estudia los análisis de sangre, palpa michelín y aprieta lorza. Al final entrega, por 350 euros, la dieta a seguir el próximo mes; además de pasear un par de horas al día y mantener sexo con regularidad. ¡Qué más le gustaría a ella! El doctor sonríe cómplice y le recomienda una tienda.
“Sex shop Montoya, la tienda de las …” allí adquiere un modelo a pilas que resultará ser su único consuelo tras treinta días a base de fruta, verduritas hervidas y pollo a la plancha. Incluso ha llegado a salivar pensando en la zanahoria cruda de media mañana.
El doctor arquea las cejas al comprobar que la báscula marca cinco kilos más. Ella insiste en que ha seguido la dieta a rajatabla, incluso cuando no podía acabarse las 203 galletas de la merienda.
¡Qué bochorno descubrir que eran 2 ó 3 galletas! En fin, el mes que viene lo conseguirá. Sale de la consulta y se encamina al super: debe comprar más pilas.

Trillizos ( Jesús Esnaola)

La enfermera me indica que puedo pasar a ver los gemelos. ¿ Gemelos? Si mi mujer esperaba trillizos, grito víctima de los nervios. La enfermera se queda desconcertada y e explica que mi mujer ha parido gemelos y yo la amenazo con poner el hospital patas arriba hasta que encuentre al tercero. Sin duda han debido de perderlo, banda de inútiles, vi sus cabezas en la ecografía. Entro en la habitación de mi mujer y la encuentro tranquila, tal vez un poco atontada por la anestesia, a ver cómo se lo explico yo ahora. Tiene en sus brazos a uno de los pequeños y sonríe. Coge al otro, me dice, y yo lo hago, me inclino sobre la cuna y abrazo al otro gemelo, sujetando con cuidado sus dos cabecitas.
Respiro aliviado.

Llueve ( Isabel Gonzalez)

…o lo que es lo mismo, el gotero todavía gotea. O lo que es igual , ellos han llorado esta tarde fuera de la habitación, han entrado en mi cuarto, han comprobado las sondas , han traído botellines de agua mineral , me han dado un beso húmedo en la frente y se han largado a llover en la sala de espera. En el páramo seco al otro lado de la puerta. Allí solo hay tormenta a ratos. Aquí dentro nunca deja de llover. O lo que es lo mismo, me inyectan algo cada cuatro horas y , cada ocho me extraen sangre. Se la llevan fuera. Mi sangre por un lado y yo por otro. Alcohol, agua oxigenada y esa enfermera demasiado joven que me limpia el culo. Estoy boca abajo. Mete la esponja en la jofaina y la escurre al sacarla. Sonido de madre con fregona. De padre limpiando el coche en el lavadero de un río. De todo lo pasado de moda que siempre es la infancia. Llueve. O lo que es lo mismo, aquí han envasado la lluvia y , allí fuera, los coches derrapan a veces sobre los charcos.

Células vengativas ( Elena Casero)

Somos un puñado de células que se multiplican, crecen, se desarrollan y se convierten en seres humanos con distintas apariencias. En determinados casos, esas mismas células se duplican produciendo humanos idénticos: el mismo color de ojos, la misma tonalidad de cabello los mismos andares, y en contadas ocasiones-les aseguro que mínimas-la genética se comporta de manera caprichosa y reproduce las mismas huellas digitales.
Sentado cerca del mar miro el horizonte inmóvil, aplacado por la luna, inmenso, luminoso, y me acuerdo de mi hermano. Recuerdo nuestra infancia y sus travesuras, de las que me hacían responsable; de sus fechorías, por las que yo pagué con cárcel, mientras él…
Le recuerdo en el momento en que mis huellas -las suyas- fueron halladas en el escenario del crimen, el maltrecho cuerpo de su novia, el instante en que cayó en su propio infierno. Veo a través de sus ojos el infinito del tiempo, de su tiempo, carente de horizonte, y saboreo con intensidad la sabiduría de la naturaleza. 


La reina sorda ( Sara Lew) 

Acuclilladas laboriosamente a sus pies, las costureras cuchichean entre ellas mientras le arreglan los bajos del vestido. Comentan despreocupadas cómo el rey la engaña con cualquier falda que se aviente a su paso, y añaden, entre risas cómplices, que razones no le faltan al monarca con semejante espantajo de esposa. La reina las observa, inmutable. Cuando su traje luce al fin prolijamente acabado, llama mediante señas a los guardias y, con gesto afásico, sentencia a las insolentes llevándose la mano recta al cuello a modo de sierra.


Abril ( Beatriz Alonso)

Me senté en la última fila del autobús, suplicando baches. En nuestra ansiada excursión escolar, mis compañeras se regocijaban en sus asientos, piropeando al conductor. La profesora decía que la primavera no tenía remedio. Unos días antes yo había hecho el amor por primera vez. Sin precauciones.


El olfateador ( Beatriz Alonso) 
Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata fue uno de mis primeros éxitos como olfateador. Tenía los ojos vendados y toda la oficina mirándome. En seguida supe que era la administrativa. Después otra mujer pasó sus dedos por mi pelo y adiviné que era la documentalista. Tampoco fallé cuando el diseñador gráfico me sacudió la caspa de los hombros. Al regresar a mi mesa de trabajo la recepcionista, a modo de despedida, me tocó la punta de la nariz, lo cual desencadenó en mí una terrible convulsión. Desde entonces cuando llego a trabajar entro con un pañuelo en la nariz. Creen que es alergia, pero es amor.


El niño que se comía las palabras ( Manu Espada)

A algunas personas les trasplantan los pulmones. A otras les realizan un trasplante de corazón o de córnea, pero siempre tiene que morir alguien. Mi caso fue distinto. Cuando era pequeño no podía hablar, al menos no como el resto de los niños. Cada sílaba requería el mayor de mis esfuerzos. Sin embargo, mi padre se ganaba la vida con las palabras. Paradójico. Aún recuerdo el domingo que llegó con una máquina de escribir antigua.Yo entré en su despacho mientras él ponía la vieja Olivetti cobre la mesa. Colocó un trozo de papel cebolla en el rodillo, me cogió el dedo índice y escribimos mi nombre. Mi padre lo recortó con unas tijeras, lo hizo una bolita y me dijo: “Rica”. En cuanto el papel rodó por la garganta dije mi nombre en voz alta. Desde ese día mi padre no pudo volver a pronunciarlo. Luego vinieron muchas palabras más. Mi padre me cogía el dedo, me susurraba cosas al oído, las tecleábamos y luego me metía las palabras en la boca. El nunca más volvía a usarlas. Primero se quedó sin sustantivos, luego sin verbos, más tarde me pasó los adjetivos, los artículos, las preposiciones, hasta que me trasplantó todas las palabras del mundo. Hasta que se quedó mudo. 


PRIMER PLATO ( Patricia Esteban Erlés)

Poco después llegó la muerte. Todos la vimos trepar por tu pelo, pero bajamos los ojos y seguimos comiendo. Rezando en voz baja para que se conformara contigo.



La selva de los tecnicismos (Fernando A. Navarro)


Los médicos, cuando a un niño le pica algo, decimos que sufre de prurito. Cuando le duele la tripa y no encontramos la causa que lo está motivando, hablamos de dolor abdominal funcional.
Si su cifra de leucocitos está por debajo de un límite muy concreto, le decimos a la mamá que padece leucopenia, pero ese es un nombre muy triste, porque recuerda a otras voces dignas de lástima, como penar o pena.
Y cuando todo está perfecto, en vez de decir que el chico simplemente está bien, le ponemos la etiqueta impoluta de «niño sano», que es como decir «ropa limpia» o «cajón ordenado».

En la selva de los tecnicismos, unos son más extravagantes que otros; por ejemplo, si a tu hijo le cae drásticamente la tensión arterial, decimos que se ha chocado, como si fuera un tráiler en un día de niebla.


Hemisferios

Aquella fatídica noche la yaya Martina perdió a la mitad de su marido.
Desde entonces él canta pero no habla, copia pero no escribe. Juega al parchís pero no a los bolos. Sonríe dibujando una asimétrica media luna.
 La yaya sabe que él solo la ve si se acerca por la izquierda. Desde ese lado le habla, en una conversación en la que ella inventa y pone voz a la otra mitad. Ya no discuten, solo se miran y se interpretan,  como si buscaran salir de un laberinto.
Ella se empeña en compensar esta extraña partición: ahora le quiere el doble que antes. También está el doble de cansada. Nunca imaginó que se pudiera morir a plazos.
Ya está empezando a habituarse a este nuevo marido manso y silencioso, a esa línea imaginaria que divide su cuerpo en dos, dejando una garra a un lado y una mano al otro, a ese movimiento infinito de ida y vuelta de la cama al comedor en la silla de ruedas.
Contempla los radios de las enormes ruedas que giran como un interrogante a lo largo del pasillo.
 No entiende, pero acepta. Como cada vez que la vida le dio una noticia inesperada

ADN 

Lo sorprendente no es que no fuera hijo de quienes lo criaron. Ni que la causa de su muerte no sea una conspiración asesina, sino una vulgar infección. 
No me impresiona saber qué comió la última vez, ni qué enfermedades hubiera tenido de viejo. Ninguna objeción al incesto, tengo la piel muy gruesa con tanta serie policíaca. Liarse con su hermanastra explica la prematura muerte de sus hijos, el clásico castigo bíblico por no respetar las normas.
Lo único que me deja totalmente desolado es que el pobre Tutankamon no pudiera llevarse ni un solo secreto a su escondidísimo sarcófago.


Domingo en el zoo  

La visita anual al Zoo fue, como siempre, agotadora. Y un poco deprimente, la verdad. Los niños la disfrutaron, claro, corriendo de aquí para allá, riéndose de lo que hacían los macacos, esquivando pavos reales albinos, subiendo al trenecito…
Reconozco que con las nuevas instalaciones todo tiene un aire más aséptico, más moderno. Hasta los delfines lucen más lustrosos y disciplinados.
Solo las jaulas situadas al fondo del parque conservan la antigua atmósfera decadente, ese tufo característico de zoológicos y circos. Allí se guardan los animales más antiguos, los olvidados, los que ya no están de moda. Un dientes de sable lleno de sarna se mueve en círculos dentro de su jaula mientras unos dodos medio desplumados deambulan picoteando restos de bolsas de patatas por afuera. Los mamuts resoplan de calor en su charco hediondo y el último tigre de Tasmania observa lo que queda del mundo con sus ojos amarillos.
Pero lo más impactante fue volver al recinto de los primates. En la última jaula, agarrado a los barrotes, un desdentado Neanderthal me miraba fijamente. Como si me reconociera. Como si quisiera decirme algo. Esa imagen me persigue como una culpa. Maldigo el momento en el que se permitió a las empresas privadas jugar a ser dioses con la biotecnología.

Liberación 

A esas alturas yo solo quería irme a mi casa. El médico y las enfermeras me tranquilizaban en tono profesional, pero en cuanto se daban la vuelta yo intuía gestos más sinceros. Luego de repente salían de la sala. Al volver me decían que enseguida lo iban a solucionar.
Llevaba más de media hora atrapada cuando me anunciaron la inminente llegada del mecánico. No podía pensar en nada más deseable que un hombre con una caja de herramientas. Por suerte las dos piezas de la -llamémosle así- pinza no estaban, en el momento de quedarse atascada, a la máxima presión pero sí a la suficiente como para que no me pudiera separar. Imposible marcharme a no ser que me llevara el aparato a cuestas, así que me pareció mejor continuar como estaba: medio desnuda y dibujando una prodigiosa contorsión con mi cuerpo enganchado a una máquina de hacer mamografías.
Cincuenta minutos después de la entrada a esa cámara de torturas, era por fin liberada. Jamás me había sentido tan ligera. No me importó en absoluto que aun tuviera que someterme a la ecografía y a la dolorosa punción para vaciar el líquido de mis tetas fibroquísticas. Si me sentía con fuerzas, me dijeron. Como para esperar otro año y medio, les dije.
Al salir, ni siquiera me afectó -con lo sensible que yo soy- el aplauso de todas esas mujeres que esperaban su turno mientras lucían esas sonrisas entre solidarias e histéricas. Las pobres.
 Al menos yo ya estaba fuera.

Las diosas de la guerra

Terminé de rasurar minuciosamente la superficie del cráneo. La madre salió del cuarto simulando una tos inesperada. Le coloqué y ajusté la peluca pelirroja con flequillo. Sedosa, natural, la acababa de cepillar.
La joven, casi una niña, se miró al espejo con una alegría feroz, desesperada. Le gustaba su nuevo aspecto.  Afirmó, con determinación adolescente, que nada ni nadie iba a impedirle salir aquella noche. Aunque estuviera mareada, aunque tuviera que vomitar por los rincones.
Claro que sí.
La mamá, ya de vuelta, intentaba sonreír.
Me esmeraba en conseguir los mejores efectos. Maquillé su palidez. Subrayé con rímel sus pestañas ralas. La ayudé a enfundarse el vestido negro sobre su escueta figura. Y le volví a colocar todos los piercings.
Estaba radiante. Preciosa. Radioactiva.
Mientras bajaba las escaleras para despedirlas en la puerta de la peluquería, supe que aquella Nochevieja sería especial. La última y más intensa para esa bravísima diosa de la guerra. Para mí, la primera que pasaría en casa. Acurrucada en el sofá. Vencida, golpeada. Destilando toda mi tristeza. Descifrando la magnitud de un dolor que no era mío. Y sin dar explicaciones.

Os copio el post de un amigo mío ( Miguel Ángel Malo) en facebook para recomendar un libro. Casi un relato, sin pretenderlo. Lo podríamos titular Medicina y literatura



En abril de 2016, terminé sin pensar en una librería. Hasta aquí, nada raro. Era una de esas librerías en las que todo está al alcance de la mano. Desde un lado del expositor, un título me llamó la atención: “El grito del ave doméstica”, de Maksim Ósipov. Un libro de cuentos. He dicho que el título me llamó la atención. No por llamativo, sino por imposible. Las aves no gritan. Pían, graznan, cacaraquean y hay algunas que hasta silban. Pero gritar, lo que se dice gritar, no. Por eso, por imposible, me pareció que allí había un autor que merecía la pena.
Previo pago, llevé el libro a casa con el firme propósito de leerlo. Pero allí se quedó sobre la mesa, junto al ordenador. El libro no lo sabía, pero tuve que irme al hospital. Había que entrar en el quirófano, dejar que unos magos disfrazados de cardiólogos me parasen el corazón para poder arreglarlo y volver a paso lento al día a día.
No recordé el libro durante ese tiempo. Mi objetivo eran los ejercicios de respiración, llegar caminando un día hasta el recodo del pasillo y al día siguiente hasta el final de ese mismo pasillo. Y, todos los días, una charla con el cardiólogo. Me escuchaba, me miraba, interpretaba mis gestos, lo que decía y lo que no decía. Me informaba y, a veces, me aconsejaba. Al fin y antes de lo esperado, llegó el momento de volver a casa y vi el libro junto al ordenador en la misma postura en que lo había dejado unas semanas atrás.
El libro de Ósipov aguardaba tranquilo, sin expectación, mi regreso. Con la parsimonia del cardiópata, me lo llevé al salón. Al comenzar el primer cuento (“Moscú-Petrozavodsk”) estaba la sorpresa. El protagonista era un médico. En el segundo cuento (“La gitana”) ocurría lo mismo. En el tercero (“Piezas sobre un plano”), el protagonista no sólo era médico, era cardiólogo. El cuarto (el que da título al libro) transcurre en un hospital. Tan sólo el quinto (“Colonia minera Eternidad”) sucede en un ámbito distinto, aunque el autor utiliza la técnica del manuscrito encontrado, manuscrito que es el texto que un paciente deja ¡a su médico!
Con un lenguaje tan descoyuntado como la vida cotidiana rusa post-soviética, entré en los hospitales, entendí cómo algunos suplen la falta de medios y otros se corrompen dentro de esa misma escasez. Y con el cardiólogo de “Piezas sobre un plano”, viajé de avión en avión para complementar ingresos. No voy a decir que lo leí de un tirón. Mi cuerpo se cansaba. Pero sí que podía pensar cuando no estaba leyendo. Rumiar lo leído. Esperar el momento futuro en que iba a retomar la lectura.
Al terminar, me di cuenta de cómo un médico puede ser un literato afilado y duro, con una luminosidad tan fuerte que a veces hay que apartar los ojos.
¿Qué hace que un médico pueda ser un buen escritor? Lo fácil sería decir que es su cercanía a la muerte. Eso, en el mundo de hoy, es raro; a pesar de la violencia que a veces nos llega a raudales a través de imágenes, pocos ven morir directamente a más de un par de personas en toda su vida y todas ellas suelen ser familiares directos. El padre, la madre, un hermano, un amigo. En casos más terribles, un hijo. Pero no es eso. Tampoco es que pueden ver el miedo a la muerte en los ojos de los vivos, de algunos sus pacientes.
No es la muerte, sino las confesiones de sus pacientes. En la consulta de los médicos nos desnudamos y no sólo físicamente. Nos palpan y miran nuestra piel como un explorador estudia los mapas. Para darle información a los médicos y que nos puedan curar, hay que contarles lo que hemos hecho y dejado de hacer. Mucho de lo que se les cuenta es mentira o, al menos, una simulación. Ellos lo saben, claro, pero la verdad acaba saliendo a la luz por una pregunta certera cuya respuesta el paciente desconoce, pero que el médico adivina por anticipado. Cuando un médico también es escritor, es una bendición para los lectores.

Unos cuantos relatos y crónicas, algo más largos:

Una historia de gigantes, como ejemplo de los efectos de un exceso de hormonas aquí
Y por último un par de enlaces con textos muy interesantes: 

En este un padre cuenta su reacción cuando recibe la noticia de que su hijo recién nacido tiene síndrome de Down y necesita una operación de corazón urgentemente A corazón abierto , de Francisco Rodríguez Criado, fragmento de su libro El diario Down 

Y  un relato corto de Horacio Quiroga El almohadón de plumas, con un toque de terror fantástico.  



PD: Si alguien está interesad@ en escribir algo relacionado con la biotecnología, podéis mirar un adelanto del tema en una entrada del  blog que usé el año pasado en otro instituto para trabajar esta parte de la biología, clickando AQUÍ 

34 comentarios:

  1. Consumiendo tecnología

    Soy vegana desde los siete años.

    De pequeña en el colegio me hablaron de los animales, más específicamente sobre el maltrato, manipulaciones, usos, etc. Me impactó bastante, sobretodo todo eso que tenía que ver con su consumición, y empecé a buscar información.

    Desde entonces insistí mucho para empezar una vida vegana, la razón: por las inyecciones, manipulaciones que hacían a las carnes. Mucha gente me dijo que probablemente era muy pequeña para realmente entenderlo.

    Hace justo una semana en el Instituto me hablaron de los alimentos en general, y más específicamente sobre el proceso por los que pasan desde su origen hasta convertirse producto para su consumo.

    Me quedé atónita. Efectivamente era muy pequeña para realmente entenderlo.

    Enji Ruan 1r Bach A

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  2. Mi otro yo

    Hoy era el día en que me daban los resultados, estaba muy asustada pero a la vez inquieta por saber si finalmente podria salir de este infierno de hospital.

    Iba con mi muleta, intentando andar lo más rápido posible para poder llegar al final del pasillo, minutos que se transformaron en horas. Finalmente llegué.Sorpresa, no me había salido bien la prueba, solo me quedava un diez por ciento de vida. En ese momento me quedé atónita, no sabia que hacer, en el momento que escuche algo parecido a clonación. Le pedí al médico que me volviese a repetir lo que me había dicho y efectivamente me acababa de proponer hacer un clon mío con otras células para saber si realmente podrian llegar a curar esa enfermedad.

    En ese momento pasé a ser el jugete de clonación que todo el mundo esperaba que se muriera y quedase mi otro yo. A partir de aquel momento, ,mi alma desapareció por completo.

    Mireia Canal 1º Bach A

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  3. Será grave?

    Esa mañana hacía frío. Estornudé. Intenté no darle importancia pero a los 2 segundos volví a estornudar. En ese momento, sentí como me dolía la cabeza, me sentía mareado, incluso notaba como me subía la fiebre. Decidí que era mejor no ir a trabajar e ir al médico, él me daría una solución.
    Preocupado, le conté todos y cada uno de mis síntomas, seguidamente empezó a chequearme. A diferencia del doctor, tranquilo y observador, yo estaba muy nervioso. Después de unos minutos, terminó. Me pregunté si sería muy grave. Usted es hipocondríaco, me dijo. Me sobresalté, sonaba incluso peor de lo que me imaginaba.

    Alba Segura Ruiz, 1º Bachillerato A

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  5. La batalla

    Esta historia está protagonizada por dos grupos: las nor y las can. Las nor vivían en una ciudad, en comunidad. Todas se respetaban y no había ningún problema. Prácticamente eran todas iguales así que nadie criticaba a nadie y todas eran felices. La ciudad era grande y fuerte. Cuanto más crecía la ciudad, más nor nacían.

    Hasta que un dia de repente nació una diferente, se parecía a todas la demás pero no congeniaba bien con ellas. Era una can. Las demás no la querían con ellas así que empezó a llamar a amigas suyas. En un abrir y cerrar de ojos, y sin que la ciudad se diera cuenta, todo estaba lleno de cans.

    Al ver esto los dos grupos decidieron enfrentarse entre ellas para ver quién se quedaba con la ciudad. A pesar de que las nor estaban primero, las can poco a poco fueron adueñándose de ella. Hasta que un día se acabó la batalla.

    No ganaron las nor, pero tampoco ganaron las can. Tampoco perdió ninguna de ellas. Simplemente un día, se apagaron las luces de la ciudad, que fue la que realmente perdió.


    Aclaramiento:
    Nor = Células normales
    Can = Células cancerígenas
    Ciudad = Persona

    Meritxell Rosado Martín, 1º Bachillerato A

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  6. DECISIONES QUE MATAN

    Es curioso como a veces, una simple decisión puede salvarte la vida.

    Recuerdo que estaba en una playa con mi primo, era muy divertido hacer volar la cometa y nuestra única preocupación era no quemarnos con el sol. Me sumergí en el agua y empezaron los pinchazos. Era insoportable, como si 15 agujas se me hubieran clavado a la vez en la barriga. Noté como se me acababa la energía, no podía subir a la superficie y mi primo estaba demasiado lejos.

    Abrí los ojos sobresaltado, estaba todo sudado. Esa pesadilla se había vuelto a repetir una vez más. Incluso despierto, los pinchazos seguían en mi barriga. Mis padres vinieron corriendo cuando escucharon mis gritos. Era la octava vez que me pasaba ese mes e insistieron en ir al médico. No quería, me aterrorizaba saber lo que me diría, no quería escuchar cómo me decía que tenía alguna enfermedad. Supliqué quedarme en casa, intenté hacer ver que ya no me dolía pero esta vez el dolor iba en aumento. Finalmente, mis padres aceptaron esperar y ver si el dolor aflojaba, pero no fue así. Vi como me cogían y me llevaban al hospital. Nunca antes los había visto llorar de esa forma. Los médicos les dijeron que había sufrido una rotura apendicular y que si hubiera llegado al hospital una hora antes podrían haberme detectado la apendicitis. Si hubiera hecho caso a mis padres, ahora ellos no estarían llorando.

    Es curioso como a veces, una simple decisión puede salvarte la vida. Lamentablemente, en mi caso no fue así.

    Cristina Bonache, 1º Bachillerato A

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  7. Aquest és el Miquel, un nen de 17 anys campió d’Espanya d’escacs Sub-18 del 2018.

    A falta de 1 ronda del campionat d’Espanya 2019, Miquel porta 6.5/8 i va en 2a posició i juga contra el 1r del rànquing, en Pau, que porta 7/8 punts. Com que portaa les peces blanques i l’any pasat va passar just la mateixa situació que aquest, va pensar que podria guanyar gràcies a una mega preparació com la que li va servir a l’any pasat per guanyar el títol de campió.

    Va estar davant l’ordinador amb la teoria preparant-se durant més o menys 5 hores i al final va decidir fer una tarrasch contra la francesa ja que en pau li encantava fer-la i puntuava molt bé però just amb la variant de la tarrasch no acabava de tenir bons resultats i en Miquel va decidir atacar per allà.

    Es va estar repassant la tarrasch molt de temps tant que la teoria acabava a la jugada 26 i ell estava analitant posicions amb el mòdul a la jugada 31.

    Eren les 8:56 del matí, la partida comença a les 9, estava molt nerviós, li veia els braços tremolant i pensant que l’únic que podia fer en aquella partida era guanyar.
    Això sí d’optimisme no li faltava ja que s’imaginava la mateixa situació de l’any passat on va guayar al Pau i Miquel es va convertir en campió d’Espanya.

    Eren les 9:00 i l’àrbitre diu: “són les 9:00 del matí, bona sort a tots i podeu començar les partides”. Miquel va obrir amb 1.e4 (volent-li fer la tarrasch, ja preparada) i l’altre li fa 1...e6 (francesa, a Miquel li veia un somriure sota la seva cara de seriositat pensant que podia tornar a revalidar el títol amb una preparació) Miquel li planteja la tarrasch i Pau va jugant la teoria i els coneixements que té sobre aquesta obertura. Eren per la jugada 21 tot estudiat per part dels 2 amb una posició igualada o amb petita ventatge blanca, però no s’entenia perquè Miquel feia gestos molt estranys, ell estava encara a dins de la preparació, però físicament se’l veia cansat, se li aclucaven els ulls, quan movia ho feia d’una manera molt lenta... i de cop es desvia de la preparació, mou, s’aixeca i es veu com va cap al lavabo quan de cop es va aturar en sec a mig camí i va mirar a tota la sala i després en comptes d’anar al lavabo va tornar a la seva cadira, algo molt estrany, però el pitjor va ser que en Pau li va moure i ell mirava la plantilla com per anar a escriure la jugada però la mirava i no escrivia el moviment mogut pel Pau, això no era normal, però el que va preocupar a tothom i van fer enviar a Miquel al hospital va ser que 10 minuts després, es va caure al terra i ràpidament l’àrbitre li va dir a en Pau que anés a buscar els pares del Miquel, com que ja havien jugat tants cops junts ja es coneixen molt bé, els pares urgentment es van emportar en Miquel fins l’hospital més a prop que hi havia.

    A l’hospital li havien diagnosticat Alzheimer, una malaltia que possiblement li impedirà jugar al Miquel més als escacs. Però els pares volien que el seu fill també practiqués el mateix esport que ells i no van parar de lluitar contra la malaltia per poder tornar el seu fill a l’esport mental.

    Van estar més de 10 anys lluitant contra l’Alzheimer i al final van aconseguir que el seu fill se’n recordés de com es movien les peces i van seguir intentant més però el màxim que es va aconseguir va ser en recordar-se de 5 moviments teòrics d’una variant.

    Marc Garcia 1r Batx A

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  8. OTRA REALIDAD

    Eran las 2:00 de la madrugada cuando Esteban estaba durmiendo tranquilamente. De repente, le pareció escuchar unos silbidos a los que no decidió darle mucha importancia. Seguidamente, escuchó de nuevo esos silbidos acompañados de unos pasos. Sin dudarlo, Esteban se levantó creyendo que alguien había conseguido entrar en su casa. Se dirigió hacia la cocina, mientras que de camino, se aseguró de haber visto una sombra que lo perseguía. Rápidamente corrió hacia la cocina para esconderse de ese miedo que llevaba por dentro. Una vez allí, bebió agua para calmarse y se mojó la cara. De nuevo escuchó con claridad los silbidos y unos golpes en la puerta de donde se encontraba. Empezó a chillar como un loco y a taparse las orejas con la máxima fuerza que tenía, a causa de que los pitidos eran cada vez más fuertes e intensos. Esta locura lo llevó a cojer un cuchillo y a clavárselo en la costilla derecha, acabando así con esa pesadilla, si es que lo era.
    Pasaron varios meses cuando los vecinos se quejaron del mal olor que provenía de la casa de Esteban. La policía consiguió entrar y encontrar el cadáver en la cocina.
    El equipo policial inspeccionó toda la casa hasta que encontraron un producto dentro de la papelera que puso fin a la investigación del motivo de su suicidio. Este producto se trataba de un medicamento que recibía el nombre de Clorpromazina; pues resulta ser un antipsicótico para tratar la esquizofrenia.


    Marina Castillo
    1º Bachillerato

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  9. Todo empezaba como siempre, sonaba el despertador a las 9:00 en punto de la mañana y Mario se preparaba su desayuno de siempre, unas tostadas con mermelada. Cada vez esta rutina se hacía más difícil de cumplir ya que cada vez costaba más el simple hecho de coger el cuchillo y untar la mermelada.
    El pobre Mario no tenía ningún tipo de ayuda a sus 65 años ya que no tenía familia, sus padres estaban muertos y no tenía hijos.
    Era un hombre independiente pero con muchas dificultades al hablar y ya le costaba el tema de la movilidad.
    Iba tirando bastante bien, podía hacer de momento las cosas básicas que necesitaba, pero a mida que el tiempo transcurria esas cosas se complicaban y mucho.
    Pasaron 5 años más y en su 70 cumpleaños, el pobre Mario fue de propio a comprarse una tarta para el.
    El vivía en un cuarto piso sin ascensor, y al bajar por las escaleras, con muchas muchas dificultades al caminar, tropezó y se dio con la esquina de una de las escaleras, todos los vecinos salieron a ver qué había pasado, Pablo el que más conocía al pobre Mario pensó en llevarlo al hospital, aunque la situación era tan grave que ya sabía que no se podía hacer nada.
    Cuando llegaron al hospital ya les dieron que la vida de Mario había llegado a su fin,pero después de varias pruebas de pudo ver cómo Mario padecía alzheimer.
    Los médicos dijeron que no estaba muy avanzado pero que estaba la enfermedad en un grado bastante elevado.


    Adria Roger

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  10. CAMBIO DE 360 GRADOS:

    Todo empezó como un día normal un 11 de Agosto de 2017 lo que no imaginábamos es como partir de ese día todo cambiaría.
    Era una mañana en la cual vino mi mejor amiga a pasar el día conmigo y mi familia, llego la hora de comer y fuimos a casa de mi abuela, la cual nos hizo una comida para chuparse los dedos. Hacia tanto calor que decidimos bajar a la piscina comunitaria para refrescarnos de las altas temperaturas. Nos lo pasamos en grande en el agua, de lejos vi bajar a mi padrastro y su cara no daba muy buenas sensaciones, y no me equivocaba. Me dijo que se tenían que ir con mi hermano pequeño al hospital que habían 3 ambulancias en la calle esperandolo.
    Me quede sin palabras estuve sin saber nada de el durante toda la tarde, nadie decía nada.
    Más tarde vino la madre de mi mejor amiga y me llevo a Sant Juan de Déu que era el hospital donde estaba mi hermano. Subimos en el ascensor y me dijo que lo k vería iba a ser duro y que fuera fuerte, bajamos en la planta en la cuan nadie querria estar y era en la UCI, eso significaba que nada bueno había pasado.
    Vi a mis padres rotos de dolor, con los ojos llorosos, al verme me vinieron ha abrazar y seguidamente me explicaron lo ocurrido: mi hermano había perdido el conocimiento durante mucho tiempo y había estado sin respirar demasiado tiempo y sinceramente me dijeron que estuvo a punto de morir, esas palabras nunca las olvidare.
    Mi hermano tan solo 8 meses no merecía que le pasara nada ha esa criatura tan pequeña, estuvo 7 días enchufado a maquinas, cables, muchísimas pruebas… Hasta que finalmente los doctores nos comunicaron el diagnostico: Tenia epilepsia, es una enfermedad del sistema nervioso, debida a la aparición de actividad eléctrica anormal en la corteza cerebral, que provoca ataques repentinos caracterizados por convulsiones violentas y pérdida del conocimiento.
    Des de ese momento todo cambio, la vida de mi hermano no volvería a ser la misma hasta dentro de unos años si no volvía ha sufrir ningún ataque mas de epilepsia. Cada día con medicación, revisiones constantes...En definitiva nada volvería a ser igual des de ese 11 de agosto que nunca olvidaremos.
    Maria Escoda

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  11. PRIMAVERA INCIERTA

    Aquella mañana cuando desperté, a principios de abril, cuando la mayoria de flores florecen y el polen está en todas partes, noté un picor extraño en mi garganta. De repente no podía respirar, suerte a las pastillas que siempre guardo en la mesita y a un trago de agua pude recuperarme y visitar al médico de cabecera, el cual me diagnosticó alergia al polen. A partir de ese momento en primavera siempre llevo pañuelos encima y intento no visitar espacios abiertos que esten ajardinados.

    Claudia Asmarats
    1º A Batch

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  13. Sí, por fin he podido salir del hospital y volver a ser un chaval normal. Me he reencontrado con unos chicos que compartían la sala del hospital conmigo, pero ellos se marcharon antes que yo y los dejé de ver. Me han propuesto jugar un partido con ellos a baloncesto, he aceptado. Aunque ya este curado me sigo sintiendo raro. Puedo moverme bien, correr y todo lo que quiera pero es como si me hubiesen dado un golpe en la cabeza.No sé, no puedo describirlo, a demás no encuentro a mí familia y no conozco a nadie de aquí, excepto los chicos que conocí cuando estaba en el hospital, es como si me hubiera ido a otro mundo.

    1r A -Oriol Santos

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  14. LA ENTREVISTA

    El fuerte dolor que me presionaba la cabeza me estaba volviendo loco, traté de mantener la compostura, pues necesitaba dar una buena impresión ante el encargado de hacerme la entrevista de trabajo. De la nada empecé a tener pensamientos retóricos, a cuestionarme mi mismísima existencia y me percaté de lo mucho que había cambiado la sala en la que me encontraba desde que entré, me pareció que a todo le habían dado una mano de pintura de colores distintos a los que había anteriormente. Al tratar de volver en mi y escuchar las palabras de mi entrevistador tan solo podía oír extraños sonidos en un lenguaje totalmente inentendible, le pregunté que me estaba diciendo y me respondió con una borrosa cara de extrañado, por miedo a haver metido la pata y perder el puesto que tanto ansiaba, decidí sonreirle, pero una extraña mueca fue lo único que pude realizar. Tras esto mi cuerpo se desplomó en el suelo y perdí más que un puesto de trabajo.

    Juan Zamora

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  15. Era un dia normal cuando Julia se levantó, ella era una mujer de 70 años, jubilada, su única vocación era cuidar de su familia, sobretodo de su nieta recién nacida.Cada mañana la iba a buscar, salía a pasear, jugaban en casa…
    Un dia cuando el hijo de Julia vino a buscar a su hija se dio cuenta que su madre le había puesto al bebé la ropa del revés, no le dio importancia, pensó que solo había sido un despiste. Julia fue olvidando muchas de las tareas de casa, se la veía apagada. Su marido e hijo decidieron llevarla al hospital. Ese pequeño despiste de vestir a la nieta con la ropa del revés, resultó ser un tumor cerebral...

    Carlota González

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  16. LA FABRICA
    Ingresé a trabajar en la fabrica tan sólo con 14 años, fijándome en mis compañeros más veteranos supe que mi futuro era incierto en aquella fabrica. Me acostumbré al maloliente aroma que despojaba la fabrica, pero mi cuerpo no lograba hacerlo. Pasaban los años y los trabajadores seguíamos jadeando aquel aroma. Las migrañas y los dolores de músculos no cesaban, sino aumentaban. Cada día iban llegando nuevos jóvenes sin futuro alguno reemplazando a los decanos, y el dirigente se justificaba con que habían encontrado otros puestos de trabajo o habían sido ascendidos, pero todos sabíamos lo que nos esperaba. Ese mismo verano marché del pueblo a la ciudad a ver a mi familia y aproveché para visitar el médico. Al encontrar una tumefacción en mi espalda el médico me sugirió que fuese a la planta de oncología, donde posteriormente hallaron que padecía un cáncer de pulmón. Abandoné la fabrica de inmediato y pasé el resto de mi vida advirtiendo de los efectos nocivos que producía vivir cerca o trabajar en la fabrica. Tres años después de el hallazgo del tumor, me fui a dormir sabiendo que nunca más despertaría, por los fuertes dolores que sentía, y como sospechaba aquel día terminó mi vida. A todo esto conseguí que la fabrica hiciese un estudio junto el ayuntamiento sobre el humo que se desprendía y terminaron remodelando la fabrica, sustituyeron los combustibles fósiles por energías renovables y miles de personas se salvaron de una vejez indigna.

    RODRIGO ABADÍAS 1RA

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  17. Empezó a morderse su espesa cabellera casi blanca, como si fuera la deliciosa nata que cubría ese gigantesco pastel de boda. Su boca se hacía agua solo con imaginarse la harina de trigo y los demás ingredientes formando una esponjosa y apetecible tarta. Se levantó de la silla para poder olerlo, y quizás degustarlo sólo un poco. Realmente quería lanzarse encima de éste, ensuciar su vestido blanco de chocolate, y regocijarse de alegría mientras se bañaba en la profunda crema. Cerró sus ojos y recordó las pizzas, los bocadillos y las pastas que le gustaba comer, pero sobretodo las deliciosas tartas de cumpleaños, que ahora se habían vuelto secas, ásperas e insípidas por mucha nata y chocolate que tuviesen. Se le escapó una lágrima, y otra, hasta que rompió en llantos. Se apartó unos metros, y sin pensárselo dos veces arrancó a correr hacia el pastel, derrumbándolo y devorándolo con todas sus fuerzas. La gente chillaba, e intentaban apartarla, pero ella solo quería un poco de pastel, algo que le llenase de felicidad y no sólo saciarse de comida.

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  18. Luís estaba en el sofá sentado mirando la ventana cuando de golpe empezó a olvidar a qué hora había quedado con su hijo para ir a comprar una sudadera. Su hijo lo llamó a las 6 (hora que habían quedado), pero el padre le preguntó que de qué hablaba, que no recordaba haber quedado con él para ir a comprar. Eso fue así durante tres semanas hasta que decidieron llevarlo al médico y allí le dijeron que padecía Alzheimer y que se iba a morir ya que no tenían curamiento para esta enfermedad. La notícia sentó muy mal a toda la familia y finalmente después de tres años el doctor tuvo toda la razón. Luís dejaba la vida tras morir en su cama el 6 de octubre de 2023.

    Arnau Martín

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  19. UN FANTASMA

    En mi rutina asisto a la sala de espera en donde se conversa de síntomas y síndromes, de diagnósticos y pronósticos. Luego camino por los alrededores de la clínica y saludo a algunos médicos que se alojan aquí desde mi niñez.

    Laia Peirot, 1º Bachillerato A

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  21. LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER

    Una vez mas Juan entró ingresado en el hospital, a nadie le sorprendió, lleva ocho años igual, luchando cada día contra el dolor y contra esa enfermedad que quiere acabar con el. Su familia creía que era una recaída mas, pero no lo era, esa vez no. Juan era consciente de que su vida estaba apunto de poner fin y por ese motivo pidió reunirse con sus amigos, familia y médicos.
    Ninguno de ellos sabia lo que ocurría, pero Juan no tardo en explicarles a que se debía esa reunión. Explico que pronto iba a morir y que era inevitable y por eso les quería pedir a todos un ultimo deseo: solo quiero deciros que no os pongáis tristes ni lloréis cuando llegue ese día. No estoy triste aunque se que pronto va a llegar el día en que todo se apagara pero no me preocupa porque he pasado los mejores años de mi vida con la gente que quiero y no me arrepiento de nada, y por eso espero lo mismo de vosotros cuando... en fin, ya no este.
    Esa misma noche Juan murió a sus 19 años dejando a sus dos hermanos, a su madre y a sus amigos una gran tristeza y una promesa muy dura a cumplir.

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  22. OPORTUNIDAD PARA TANAKASHIMA

    Luces que parpadean, sonidos metálicos y lejanos, ligero sopor acompañado de risas. Tanakashima Claverito despierta de su operación, en una habitación del complejo Hospitalario japonés Tekurotoito, blanca, amplia y ordenada. Todo un éxito la clonación de su brazo derecho se ha realizado con plena satisfacción. La movilidad auténtica, los movimientos adecuados y precisos, con todos los detalles, pelos, uñas. El doctor felicita al paciente, ha sido todo un éxito. Se le explica al señor Claverito un único inconveniente el brazo no puede estar expuesto mucho rato al sol, ya que le podría provocar un intenso dolor y la destrucción de la prótesis.

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  23. MILAGRO DE NAVIDAD:
    Último día de clínica, 23 de diciembre y unas ganas tremendas de pirar de una vez por todas. Tenía que atender unos pacientes más, recoger mis cosas y salir por la puerta a mis vacaciones. Primer paciente, joven de 20 con resfriado común. Segundo paciente, señor de 35 años con cuentitis aguda en busca de un justificante laboral, era un buen día, lo consiguió. Tercer paciente, una pareja, en sus caras se palpaba el desconcierto, especialmente en la del chico. Entran a la consulta y me explican lo siguiente: La chica ha tenido síntomas de estar embarazada y la prueba ha dado positivo pero ellos afirman no ser sexualmente activos debido a que su religión no les permite tener relaciones hasta el matrimonio, el chico sospecha de una infidelidad pero se lo calla. En ese momento me dispongo a hacer la prueba para comprobar yo mismo si está embarazada y me tomo la molestia de hacer un test de ADN. Pasan las horas y me dan los resultados, los leo cuidadosamente y me confirman que está embarazada, cojo los de ADN y lo que vi no puede ser descrito de otra forma que un milagro. No había similitud con los registros del padre, pero eran idénticos a los de la madre. Consulto con más especialistas y se confirman mis sospechas: se trata del primer caso de Partenogénesis de la historia de la humanidad.
    Inmediatamente vuelvo a la clínica y los hago entrar. Les explico que una alza espontánea de calcio podría preparar al óvulo para fecundarse sin necesitar un espermatozoide y un error de división podría provocar que el óvulo se divida sin necesitar el ADN masculino. Partenogénesis: Un bebé sin necesidad de un padre.
    -En nueve meses tendréis un nacimiento virginal, feliz navidad...

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  24. RECIÉN LLEGADOS

    No me puedo mover. No puedo hablar. La luz es cegadora. Veo muchos cables saliendo de mi cuerpo. Mis padres están hablando con los médicos. Ha sido una operación larga. Estoy cansada, pero demasiado contenta por una nueva oportunidad en la vida. No se de donde vienen. No se si era chico o chica. Si era joven o adulto. No se si murió en un accidente o se le paró el corazón. Simplemente se que me ha dado la vida. Bienvenidos pulmones. Hasta nunca oxigenoterapia. Hasta nunca fibrosis quística. Hemos* ganado la batalla.

    *hemos: el cuerpo de la persona trasplantada y los órganos del donante

    Mireia Sánchez Aguilar- 1º Bachillerato.

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  25. LA LOCURA DEL SUEÑO

    En una realidad como la nuestra era difícil permanecer despierto mucho tiempo. Casi todo este lo gastábamos durmiendo, viviendo una existencia paralela. El mundo tal y como lo conocíamos estaba sumergido en un silencio constante. Dormíamos casi todo el día y escasamente nos despertábamos para alimentarnos antes de volver a hundirnos en el mundo de los sueños. Era incomprensible que alguien no hiciera lo mismo que nosotros, fue por ese motivo que su llegada me confrontó tanto.

    Mi nueva vecina había hecho tanto escándalo para poder trasladar sus maletas al piso de al lado en el cual vivía que me desperté sobresaltado. Fui hacia la puerta de mi apartamento en pijama y la abrí intentando descubrir qué era ese ruido y si de algún modo podía lograr que cesara. Al verla tirada en el suelo con un montón de maletas sobre ella no pude evitar sonreír y salir de mi refugio para pretender ayudarla. Su apariencia era casi etérea y su piel blanquecina hacía resaltar las profundas ojeras que había bajo sus ojos. Lo que más me sorprendió fue que a pesar de la fragilidad que aparentaba, la decisión que mostraba su mirada era aún mayor. Sin dejar que la ayudara se levantó del suelo y recogió sus cosas con rapidez antes de que yo pudiera articular ninguna palabra. Nuestras miradas se cruzaron y sentí en aquel momento como el aire escaseaba y como mis piernas flaqueaban. Obviamente atribuí esto al hecho de que no había dormido lo suficiente. Me di la vuelta algo asustado y regresé a mi apartamento para esconderme bajo las sábanas e intentar apaciguar los latidos de mi corazón.

    No podía conciliar el sueño, la vecina no dejaba de hacer ruido, a veces ponía música, otras veces la oía cocinar, encendía la televisión o incluso podía escuchar el sonido de la aspiradora. Ni siquiera por la noche estaba quieta. ¿Acaso no dormía nada? La inquietud se fue acrecentando a medida que pasaban los días. Finalmente decidí ir a hablar con ella, no podía aguantar más con tanto ruido, a penas dormía doce horas al día por su culpa y eso no era bueno para mi salud.

    Después de tres días consecutivos intentando conseguir el valor suficiente para llamar a su puerta, casi me caigo de la cama al sentir como llamaban a la mía. La chica se encontraba muy débil cuando abrí y tuve que sostenerla antes de que se cayera al suelo. Con delicadeza la llevé hasta mi habitación y la tumbé en mi cama.

    -¿Qué te ocurre?- Pregunté en un susurro debido a que hacía demasiado tiempo que no hablaba con nadie y la garganta me dolía.

    El letargo que traía encima no me dejaba pensar con claridad lo que estaba haciendo, en cierta manera me sentía como si estuviera drogado por la falta de horas de sueño.

    -Estoy enferma.- Contestó casi sin aire.

    Sus ojos estaban abiertos de par en par y lo observaban todo. Parecía tener problemas para poder moverse e incluso para hablar por cómo le costaba respirar.

    -¿Qué es lo que te ocurre? ¿Hay algo que pueda hacer para ayudarte?- Dije preocupado pero apartándome un poco de ella.- ¿Es contagioso?

    Para sorpresa mía se rio y negó con la cabeza lentamente antes de coger mi mano con mucho esfuerzo de su parte.

    -No puedo dormir… Eso es lo que me pasa… Y no es contagioso, solo lo tienen las personas de mi familia… No lo entenderías.

    Me la quedé observando algo anonadado por lo que me había dicho entre toses y pausas largas. Nunca había oído hablar de una enfermedad como la suya, pero se la veía completamente agotada y cansada.

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    1. -¿Tiene cura?- Inquirí en vano pues su mirada lo dijo todo.

      Claramente que no tenía cura sino ya se le habría recetado algo para ayudarla. La mayoría de enfermedades del mundo se habían erradicado hacía ya mucho tiempo, pero esta resultaba demasiado inverosímil a mi parecer como para que alguien hubiese planteado una solución.

      -Me volveré loca antes de poder dormir.- Susurró con lágrimas en sus ojos. Me miraba con desesperación y cierta frustración, presa de un pánico que era incomprensible para mí.- El día en que vuelva a cerrar mis ojos de nuevo más que para parpadear será porque habré dejado de respirar para siempre.

      Me quedé callado observando como las lágrimas que intentaba retener en vano resbalaban por sus pálidas mejillas. Ahora comprendía las ojeras, el ruido, su debilidad, su fragilidad, su cansancio, el sufrimiento.

      -No te dejaré sola, no dormiré si es necesario, insomnio o no, no voy a dejar que le cuentes tus locuras al viento, prefiero que me las cuentes a mí y volverme loco contigo.

      -¿Por qué?

      -Porque nadie merece morir sin haber soñado alguna vez.

      Candelaria Berta Andreu 1º Bachillerato A

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  26. UN MUNDO MEJOR

    Esa tarde nublada de invierno le diagnosticaron cáncer cerebral. Nati era una mujer de 64 años que superó un cáncer de seno a los 42, una mujer que adoraba a sus hijos y nietos, que disfrutaba cocinando también para ellos, pero ese día no lo olvidaría nunca y fue un duro golpe para ella y para su familia; Nati vio que el final de su camino estaba llegando pero en vez de lamentarse en la cama quiso pasar el resto de su vida rodeada de aquellas personas a las que más quería.

    Durante una semana toda la familia estaba muy conmocionada de la noticia, pero fue a partir de aquel momento que pensaron que Nati merecía los mejores meses que pudiera haber imaginado.
    Durante ese tiempo, Nati junto a toda su familia, estuvieron muy unidos, tanto en los malos y en los buenos momentos; hicieron excursiones, escapadas de fin de semana, barbacoas en la casa de la montaña, etc. Se lo pasaron muy bien.

    Cinco meses después de las aventuras, el día 31 de octubre, su pequeño nieto David cumplía un año y ella estaba muy emocionada ya que, aunque no lo dijera, él era su nieto favorito. Nati casi no podía estar de pie porque el tumor estaba muy avanzado pero su buen ánimo le hizo pasárselo muy bien en la fiesta de cumpleaños.

    El tiempo pasaba y ella veía la luz al final del túnel más intensa. El 26 de noviembre el tumor se avanzó tanto que ya no podía ni comunicar-se con su marido, así que sus hijos la llevaron de urgencias al hospital, dónde toda su familia la acompañaba. Al día siguiente los médicos comunicaron a la familia que Nati no iba a aguantar un día más y ellos se quedaron allí, en la habitación del hospital. Nati, desde que llegó el pequeño David, no le soltó la mano porque aunque no podía expresar lo que sentía, se podía observar lo asustada que estaba en aquel momento.

    Fue a las 20:00 del día 27 de noviembre de 2003 cuando agarrada a la mano de su nieto, su vida se desvaneció. David notó que su abuela le dejaba de agarrar la mano y preguntó a su madre:
    - ¿Qué le pasa a la abuela?
    Y ella le respondió entre lágrimas:
    - Que se ha ido a un mundo mejor.

    Ivan Romero Moreno 1º Bachillerato A

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  27. DE CRISTAL

    Había nacido enfermo. Padecía una enfermedad poco frecuente y esta le impedía vivir con normalidad. La llamada Osteogénesis imperfecta hacía que lo trataran como si de cristal fuera.

    Quería ser como los demás niños, quería jugar a baloncesto, quería bailar, quería correr. Pero su cuerpo era débil, sentía que se rompía si hacía cualquiera de esas cosas. Sus huesos no eran lo suficientemente fuertes como para hacer actividades físicas. Sus huesos, como si de cristal fueran.

    A veces pensaba en cómo habría sido su vida si no tuviera esa enfermedad. Si tan solo no hubiese habido errores en sus genes. Si tan solo hubiese una cura. Si tan solo sus huesos no fueran tan frágiles. Si tan solo no fuera de cristal.

    Berta Sala, 1º Bachillerato A

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  28. Este relato es de Olaia Fernández, lo subo yo porque ella no ha podido.Lo pongo en dos partes

    Hola, soy Lidia, tengo 16 años y me diagnosticaron diabetes hace 6. Bueno ¿y que tiene esto de asombroso? Todo el mundo conoce a alguien o sabe lo que es la diabetes, o no, créeme, si lo piensas te darás cuenta de que, aparte de evitar comer demasiado azúcar, no sabes mucho sobre la diabetes. Esta es la historia de mi vida que te ayudará a comprender esta situación.
    Yo era una niña normal y, como sucede a menudo, todo iba bien hasta que una mañana me caí por las escaleras mientras iba corriendo para coger el autobús e ir a colegio, me torcí el tobillo y mis padres asustados me llevaron al hospital. Mientras íbamos de camino les expliqué que me había caído porque tenía la visión borrosa y no me sentía bien, también tenía mucha sed, eso alertó a mis padres de inmediato, así que, el Doctor me examinó, fue entonces cuando nos dijo que tenía dos noticias para nosotros, una buena y otra mala. La buena era que mi tobillo se pondría bien en poco tiempo, la mala era que mi nivel de azúcar en sangre estaba muy alto. Después de varios análisis me diagnosticaron diabetes tipo 1, una enfermedad incurable ¿Qué significaba eso? Para mí era solo una palabra extraña, pero el Doctor me lo explicó de manera muy entendible; es como si estuvieras en un balancín, el tablero es tu nivel de azúcar en la sangre, para mantenerse estable es necesario mantener el equilibrio, pero nunca será estable por sí solo, subirá, bajará y hay que trabajar mucho para mantenerlo más o menos equilibrado, si sube o baja demasiado, te caerás e irás al hospital.
    Este es, básicamente el concepto de diabetes, debes dedicar tu vida a un control estricto de tus niveles de azúcar en sangre y mantenerlos dentro de los límites aceptables para no ir a peor.

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    1. (segunda parte)
      Eso fue más un shock para mis padres que para mí, mi madre estaba totalmente perdida sin saber qué hacer ni por dónde empezar. En realidad yo estaba tranquila, la idea seguía siendo muy abstracta, pero más tarde me di cuenta de lo limitante que es la diabetes. Me dieron un medidor de glucosa y tenía que revisar mi sangre de 6 a 7 veces al día, tenía que comprobar los números que veía y tomar las medidas necesarias, ya fuera inyectándome insulina si estaba muy alta o comiendo un caramero, un vaso de zumo o algo dulce si estaba demasiado baja, cuando tienes 10 años es una misión para la que no estás preparada.
      Mi madre lo hacía al principio pero me dijo que en algún momento tendría que ocuparme de eso yo misma.

      ¿Qué efectos tuvo en mi vida?
      Primero; era vergonzoso, tenía un kit especial que tenía que llevar conmigo y tenía que sacarlo donde quiera que estuviera y hacer extrañas manipulaciones para comprobar mi nivel de azúcar, eso atrajo mucha atención innecesaria de mis compañeros de clase, que preguntaban que era cien veces al día, hasta se reían de mí, claro, una inyección es algo muy “gracioso”. Pero después de todo se acostumbraron.
      Segundo; fue decepcionante ya que, me encantan los caramelos, y la idea de tener que llevar un estricto control de mi dieta me rompía el corazón. Tienes que calcular los carbohidratos y evaluar cada pequeño caramelo que te atreves a comer, recuerdo que cada vez que alguien de mi familia comía una galleta le preguntaba: “¿puedo comer una?”, ya sabía la respuesta, pero, aun así, esperaba que algún día dijeran que sí.
      Y por último, y no por ello menos importante, daba miedo. Cuando empiezas tu camino como paciente de diabetes, simplemente no te das cuenta de que algo peligroso está pasando, así que no eres demasiado obsesivo al respecto, no lo es, hasta que un día tienes una crisis baja en azúcar o, simplemente, una hipoglucemia y te encuentras absolutamente desorientado, tratando de comer cualquier cosa que puedas alcanzar, o cuando olvidas tu kit en casa y debes ir al hospital porque no te inyectaste y tu nivel de azúcar está por las nubes, o cuando tienes hipoglucemia por la noche, tienes miedo de quedarte dormido ya que si no tienes suerte y no estás atento, puedes llegar a perder la vista o los pies. Créeme, un año con diabetes y te conviertes en un paranoico obsesivo, es por eso que, desafortunadamente, mi adolescencia no son los mejores años que puedas imaginar, lo paso un poco deprimida porque tuve que madurar muy rápido y desarrollar una gran responsabilidad, pero siempre hay algo positivo, primero; ser cauteloso con tu salud, siempre es bueno, entonces, tu habilidad de adaptación crece considerablemente con todas esas revisiones.
      Actualmente llevo una vida normal; hago deporte, salgo con amigos e incluso tengo un novio que es consciente de mi circunstancia y en caso de pasar por una hipoglucemia, siempre lleva caramelos en sus bolsillos.
      También estoy en contacto con otras muchas personas que están pasando por mí misma situación y todos queremos contribuir a la búsqueda de un tratamiento universal para nuestra enfermedad.

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  29. Relato de Marta Abadía

    Paula y Mario estaban felizmente casados, el trabajaba de fontanero y ella era ama de casa. Tuvieron un hijo al que decidieron llamar Jaime, un día este se puso malito y lo llevaron al hospital, dónde tras unas pruebas le detectaron cancer. Sus padres preocupados al saber esta terrible noticia, buscaron información sobre el cancer, tratamientos, todo lo que hiciera falta para salvar la vida de su hijo. Cada vez el cancer avanzaba más,iba a peor Jaime moría.Sus padres gracias a la familia y a donaciones de gente que escuchó la noticia y no dudó en ayudar a la familia pudieron conseguir la ayuda económica necesaria para llevar a Jaime a una clínica en la cual recibiría un tratamiento experimental por el cual pudieran salvar a su hijo. Los médicos no les aseguraron que fuera a funcionar pero ellos no tenían nada que perder, lo único que les importaba era salvar a su hijo. Un mes después del tratamiento, parecía que mejoraba y todo el mundo se alegraba, pero de repente una noche empezo a empeorar y Jaime se iba, sus padres doloridos no sabían que hacer y se quedaron con el cogidos de la mano, aquella mañana Jaime ya no despertó

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  30. Relato de Sara Sarmiento ( fibrosis quística). En dos partes.


    Hola a todos. Soy Molly, tengo 26 años y hoy os vengo a explicar mi historia. Al final de esta conferencia estaré dispuesta a responder cualquier duda que tengáis.
    Yo era muy pequeña cuando todo pasó. Tendría unos 8 años cuando yo les decía a mis padres que quería tener un hermanito o hermanita, alguien con quien pudiera jugar, alguien a quien yo pudiera cuidar cuando me hiciera más mayor, alguien con quien compartir mis secretos y mis miedos, etc. Así que un año después, mi sueño se hizo realidad.
    Mi madre llegó un día a casa muy contenta diciendo que tendría una hermanita pequeña. Que contenta me puse!
    Los días pasaban y yo veía como la barriga de mi madre crecía y crecía, hasta que un día, el 6 de Abril exactamente, mi madre dio a luz y mi hermanita nació. Decidimos llamarla Nora. A mi madre le gustó mucho ese nombre ha ha.
    Recuerdo ese día perfectamente. Mi padre y yo estábamos esperando a poder ir a ver a mamá y a Nora, hasta que nos dijeron que podíamos pasar a verlas. Al entrar, vi a mi madre tumbada en una camilla de estas que tienen en los hospitales, y una pequeña cuna al lado. En aquella cuna dormía Nora.
    Mi padre se acercó a mi madre y le dio un beso, cosa que a mí me dio mucho asco al principio, puaj! Ha ha ha, cosas de niños, no? Prosigamos. Seguidamente, papá cogió a Nora y me dijo “Siéntate en la silla y cógela”. Así lo hice. Me senté y mi padre me dio a Nora. Me puse muy contenta. Tengo que admitir que ese fue uno de los mejores días de mi vida.
    Desde ese día todo fue muy bien. Nos fuimos a casa y entre todos cuidamos de mi hermana, hasta que un día la cosa empeoró. Un día por la noche mi hermana empezó a toser sin parar. Era una tos muy rara y no cesaba. Al ponerle el termómetro vimos que tenía 42 grados de fiebre, así que fuimos al hospital.


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    1. Nora estuvo allí un par de semanas, en las cuales no hubo mejorías, sino que ella empeoraba, lo peor era que los médicos no sabían de qué se trataba. No encontraban ningún virus ni nada que pudiera justificar su enfermedad.
      Los síntomas de Nora iban a peor con el tiempo, después de la tos, empezó a tener problemas respiratorios. Las fosas nasales se le inflamaron, tuvo varias congestiones nasales, etc. Día tras otro su enfermedad empeoraba, y nosotros perdíamos la esperanza.
      De pronto, al cabo de un mes, más o menos, un doctor nos dijo que habían encontrado el problema y creían que sabían de qué se trataba. Nos dijeron que mi hermana tenía una enfermedad genética, llamada fibrosis quística. Se trataba de una enfermedad con todos los síntomas que padeció. Por esta causa, nos dijo que no se podía curar y que tendría que estar tomando una serie de medicamentos antiinflamatorios para retrasarla, y que el tiempo estimado de vida era hasta los 50 años aproximadamente.
      A día de hoy mi hermana sigue viva y esperamos que la media que le dieron los médicos de vida se alargue un poco más. Ella está muy feliz y sabe llevar la enfermedad bastante bien.
      Hasta aquí llega mi historia. Muchas gracias por vuestra atención. Pasemos al turno de preguntas, si es que hay alguna.


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  31. Relato de Marc Serra

    Me levanté a las seis de la mañana, como de costumbre, desayuné, me tomé mis pastillas y me fui a trabajar. Siempre me dolia la cabeza pero aquel dia era insoportable, para cuando llegue al trabajo lo veía todo borroso. Fui a sentarme al almacén y allí me desmaye.
    Tres dias después me desperte en el hospital de Sant Joan de Déu con respiración asistida, nadie de mi familia vino a visitarme me habían repudiado despues del incidente de hacía dos años. Los médicos me contaron que cuando llegue al hospital creyeron que habia sufrido un ictus dado a la inflamación de mi cerebro, pero era algo mucho mas extraño. Había sufrido una encefalopatía reversible posterior o PRES el motivo de ello fueron las pastillas que tomaba desde que me infecte del SIDA dos años atras. Estos farmacos eran inmunosuproseros y fueron la causa de casi mi muerte cerebral. Por suerte el PRES es rebersible y tras que me retiraran mi medicación y tres meses de rehabilitación estoy recuperado, eso si con fuertes secuelas.

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Lo que entra para el examen del tercer trimestre ( para almas despistadas)

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