jueves, 10 de enero de 2019

Las tres leyes de la divulgación

Leed el siguiente artículo y a continuación mirad la propuesta que os hago al final para que todos podáis ser divulgadores científicos por un día ( plazo hasta el domingo 3 de febrero) 

Las tres leyes de la divulgación    
Si existiera una teoría del periodismo científico, sería bien simple: entiende, explica y no aburras.  Esas son las tres leyes de la divulgación, simples y nítidas.
Primera ley: entender
Aquí es donde se te debe ir el 90%del tiempo disponible para escribir una pieza. En esto, el periodismo científico difiere de otros géneros más habituales Si “alguien ha matado a alguien”, como decía Gila, no hay gran cosa que entender, y lo mejor es que te sientes tras el teclado a detallar los nombres propios, las circunstancias y los calibres de las balas. En ciencia nunca puedes hacer eso: no sabrías ni por dónde empezar tu artículo. Literalmente.
Por ejemplo, imagina que tu material de partida es una investigación titulada On te origins of oxygenic photosynthesis amb aerobic respiration in Cyanobacteria. Si titulas por ahí tu artículo, el lector se irá de inmediato a la sección de deportes. Tu primera y principal misión es entender ese material, y entenderlo a fondo. Solo después podrás titular tu pieza: “La transferencia de genes entre especies creó el mundo moderno”, como hicimos en la sección de ciencia de El País. Para mí, eso requirió sentarme con los codos en la mesa, leer el trabajo con atención y después preguntar al jefe de la investigación por un punto clave que no quedaba claro en el artículo. Dicho lo cual, me voy a permitir una pequeña digresión autobiográfica. Fui científico profesional antes que periodista. Eso me permitió leer y entender el artículo técnico y formular las preguntas relevantes a sus autores. Pero no estoy diciendo que haya que haber sido científico para eso. Yo mismo tengo que tratar muchos temas ajenos a mi especialidad y he tenido que aprender a entenderlos. El punto no es la titulación académica. Es la formación contínua.
Una excelente idea, por ejemplo, es leer los mejores libros científicos. Hay en español dos colecciones de referencia en este campo: Drakontos ( de Crítica) y Metatemas ( de Tusquets) . Muchos de estos libros están escritos por grandes científicos, y a menudo logran hacerte entender las disciplinas más abstrusas. Estas lecturas darán a tus artículos una virtud muy valiosa: el contexto. Recuerda que, en ciencia lo importante rara vez ocurrió ayer. Sin el contexto- histórico, teórico, social-el periodismo científico está cojo y ciego.
Segunda ley: explicar
Lo esencial para explicar algo es entenderlo primero, desde luego. Pero entender  no basta. Cualquier investigador entiende su objeto de estudio, pero muy pocos saben explicárselo con claridad al público. Ignoro la razón de esto. Por otro lado, todo periodista tiene que explicarse con claridad, pero el divulgador científico tiene que ser un maestro en este género.
La decisión más difícil en el momento en que te sientas a escribir es saber a quién te diriges. Cuánto puedes dar por hecho que conoce tu lector. Hasta donde tienes que bajar para aclarar lo más básico, desarrollar el tema de fondo, ilustrar lo más oscuro.  Para los periodistas esto es muy difícil.  Tenemos que escribir para un lector imaginario del que desconocemos casi todo.
¿Qué hacemos entonces?
Vamos a intentar verlo con un ejemplo. En 2015 se cumplieron cien años de la relatividad general de Einstein, fundamento de la cosmología moderna y una de las dos patas fundamentales en las que se basa la física actual. Mi periódico me pidió una pieza de celebración y me puso en un buen aprieto. La relatividad general es, con la posible excepción de la mecánica cuántica, el asunto científico más difícil de explicar al público. Estrictamente hablando es imposible explicarla sin manejar las matemáticas avanzadas que la sustentan. Así que decidí tirar por otro lado.
Hay un amplio consenso entre los físicos en que la relatividad general no solo es muy importante, sino también la teoría más bella de la historia de la ciencia. Esta relación entre ciencia y belleza me pareció un buen gancho para atraer la curiosidad del  lector, así que titulé la pieza: “La belleza cumple un siglo. La gran teoría sobre la gravedad, el espacio-tiempo y el cosmos llega a los cien años en muy buena forma”.
En cierto sentido esto es una trampa. Pero es que la divulgación científica requiere, en ocasiones, esta clase de trampas, porque tu primera obligación es que te lean. Un fragmento del artículo:
“También por fortuna para el lector, y para este torpe redactor, existe una formulación no matemática de la relatividad general que captura la esencia de esta teoría en una especie de haiku o poema zen. Se debe al físico John Wheeler y dice así: La materia le dice al espacio cómo curvarse, el espacio le dice a la materia cómo moverse".
El concepto al que me refería es el de la metáfora. El haiku de Wheeler es la mejor metáfora que conozco para explicar al público la relatividad general. Si te dedicas a la divulgación la buena metáfora vendrá siempre en tu ayuda. Aquí no hay trucos ni manuales: tendrás que derrochar inteligencia, conocimientos y creatividad para encontrar buenas metáforas. Y repito: lee libros. De ciencia y de los demás.
Tercera ley: no aburras
Habrás oído mil veces que el buen periodismo es debe ser riguroso, y el periodismo científico lo debe ser también, faltaría más. Pero no confundamos el rigor con el rigor mortis. En ciencia, ser riguroso es extremadamente fácil: en su versión extrema, te bastaría reproducir los artículos técnicos ( papers ) relevantes o las declaración de científico en cuestión para obtener un rigor del 100%. Y un índice de lectura del 0%.
El rigor debe estar dentro de tu cabeza -tienes que haber entendido y metabolizado los datos- pero no abuses de él en tu artículo. El lector no tiene que repetir tu sufrimiento, ni tiene la culpa de que el trabajo científico esté lleno de números muy largos y sentencias muy herméticas. Tu trabajo consiste en convertir esa espesura en un texto fumable, atractivo y placentero.
Para escribir buen periodismo científico la clave son solo tres leyes, y luego te espera una vida entera, maravillosa, de aprendizaje. 

Nota mía: Aquí ( clickad encima de la palabra "Aquí") podéis leer el artículo del que habla el autor. Os recomiendo su lectura por dos motivos:  a) que leáis un artículo más de divulgación y os podáis inspirar en los recursos que usa, y b) que tengáis más información sobre la teoría relatividad para cuando trabajemos el tema en clase a la vuelta de vacaciones. Buscad, eso sí, más información para que podamos construir el conocimiento de algo tan poco intuitivo entre todos. 
                               
 Texto adaptado de un artículo de   Javier Sampedro ( Jot Down)


Elegid el tema que más os guste que tenga que ver con la ciencia. Usad las tres leyes que propone Javier Sampedro y poneos a escribir un artículo de divulgación científica para vuestros compañeros ( público real: 38 lectores, potencialmente más: el blog está abierto a que lo lea cualquier persona). Podéis leer las propuestas  e interactuar con los autores preguntando, criticando... Al final  -ya os explicaré cómo-  os puntuaréis entre vosotros y veremos cómo podemos publicitar los mejores artículos ( en la revista del insti, por ejemplo). Lo tenéis que publicar, como siempre, como un comentario de esta entrada ( nombre y curso, acordaos). También podéis añadir -esto no es obligatorio- algún aspecto relacionado con la dificultad o las ventajas que habéis encontrado al aplicar estas tres leyes que propone el periodista en vuestro artículo. Os doy de plazo  hasta el domingo 10 de febrero. Afilad el teclado y la imaginación y lanzaos al oficio de periodista científico. A ver si descubrimos todo el  talento que hay en esta clase. 
¡Prohibidísimo copiar-pegar, que soy especialista en detectarlo!



RECORDATORIO IMPORTANTE: Para poder valorar los trabajos de vuestros compañeros tenéis que leer el máximo número posible de ellos y elegir los diez que más os gusten. Al mejor le dais 10 puntos y así hasta el décimo, que le dais un punto ( al final convertiremos esos puntos de más -sobre un cinco de base por haber escrito el artículo-en la proporción correspondiente).

lunes, 7 de enero de 2019

La ciencia en cinco píldoras literarias


Aquí tenéis cinco textos que ,directa o indirectamente, hablan de la ciencia. En cuatro formatos literarios distintos ( ensayo, cuento, poema y microrrelato). Leedlos todos y elegid entre hacer un comentario global, una comparación entre algunos de ellos o lo que os haya sugerido aquel que más os ha llamado la atención. Acordaos de que valoro la opinión argumentada, la originalidad, la expresión escrita y el que hagáis alguna nueva aportación propia. 


Jorge Wagensberg  ( ensayo


El conocimiento es una representación (necesariamente finita) de un pedazo de la realidad ( presuntamente  infinita). La ciencia es conocimiento elaborado con el método científico. Y el método científico es cualquier método que respete tres principios: el de objetividad, el de inteligibilidad y el dialéctico.
Se es objetivo cuando, ante varias formas de observar un objeto, se opta por aquella que menos afecta a la observación. Se es inteligible cuando la representación es, en algún sentido, más compacta que lo representado. Y se es dialéctico cuando el conocimiento se arriesga a ser derribado por la experiencia. El conocimiento es científico cuando tiene voluntad de serlo, es decir, cuando logra la máxima objetividad, inteligibilidad y dialéctica.
La aplicación del método es la parte más previsible, y por tanto más planificable, del oficio.  Se pueden programar consultas a la naturaleza (experimentos) para descubrir paradojas turbadoras, para medir cómo la realidad se digna encajar en una inteligibilidad o para ensayar diferentes vías de objetividad. Ceder en el método, en honor de cualquier otro beneficio, es un indicio de flojera científica.
Pero resulta que el método se aplica siempre a una idea. Y no hay métodos para captar ideas. O, lo que es lo mismo, todo vale con las ideas: la analogía, la inspiración, el secuestro el contraste, la contradicción, la especulación, el sueño, el absurdo… Un plan para la adquisición de ideas solo es bueno si nos tienta continuamente a abandonarlo, si nos invita a desviarnos de él, a olfatear a derecha e izquierda, a alejarnos, a girar en redondo, a divagar…El célebre rigor científico no se refiere a la obtención de ideas sino al tratamiento de éstas. Aferrarse con rigor a un plan de búsqueda de ideas es una anestesia para la intuición.

                                                                                         (De Ideas para la imaginación impura)

Jorge Luis Borges  (cuento)



Del rigor en la ciencia
...En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
                                                                         Suárez Miranda, Viajes de varones prudentes
                                                                          Libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658
                                      
                                                                                             ( De El Hacedor)
Javier Argüello ( ensayo)


"Los filósofos le robaron la verdad a los poetas, luego vinieron los científicos y se la robaron a los filósofos, pero hubo en este segundo traspaso una ligera ganancia. Mientras que los filósofos permanecieron deambulando por el estéril mundo de las ideas, una suerte de laberinto que siempre mira hacia adentro, los físicos, los químicos y los geólogos continuaron observando el mundo , aunque no fuera más que para matematizarlo. Y si uno se queda mirando por el tiempo suficiente, el mundo tarde o temprano empieza a mostrar su complejidad. Hoy los científicos están empezando a comprender que ya no se trata aislar las partes, sino de abarcar el todo. Y la experiencia les ha enseñado que el lenguaje matemático se les queda pequeño a la hora de intentar expresar sus intuiciones acerca del todo. ¿Qué es lo que han hecho entonces? Lo que venimos haciendo desde el principio de los tiempos, o al menos desde que nuestra conciencia estuvo en condiciones de permitírnoslo: recurrir a las historias."
                                                                                              ( De  La música del mundo)


Wislawa Szymborska ( poema)

Contribución a la estadística
De cada cien personas,
las que todo los saben mejor:
cincuenta y dos,
las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,
las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,
las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,
las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,
las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,
las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,
las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,
las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,
las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,
las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,
las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,
las dignas de compasión:
noventa y nueve,
las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.


Un experimento científico ( microrrelato) 

Tras dos décadas investigando en el zoológico de Cincinatti, el eminente naturalista se trasladó al Congo para observar a los sujetos en su medio natural.
Se encerró en un cubículo de bambú. Desde allí estudiaba sin interferencias —a través de un orificio disimulado con una planta trepadora— el lenguaje de los chimpancés. Registró su parloteo, transcribió sus palabras llenas de vocales, las comparó con las que había grabado de los simios cautivos y descifró treinta de ellas que significaban cosas tan aparentemente humanas como me alegro, te saludo, me duele, déjame en paz o qué sorpresa. También le pareció detectar alguna que otra mentira.
Al principio se acercaban tímidamente, atraídos por los sonidos del fonógrafo que reproducía los alarmantes mensajes de los chimpancés del zoológico. Con el tiempo se turnaban para asomarse por las rendijas —emitiendo chillidos de placer— y observar al científico mientras éste tomaba notas y trataba de imitar su idioma.
Un día, cuando la jaula del profesor ya formaba parte del paisaje, se reunieron en consejo los chimpancés más ancianos. Discutieron —en su complejísimo lenguaje— si las condiciones del cautiverio impedirían revelar el comportamiento que tendría el animal en libertad.
Aunque no pudieron realizar más réplicas del experimento, al final llegaron a la rotunda conclusión de que los humanos no poseían un lenguaje articulado que tuviera significado alguno.
                                                                                                
                                                                                 ( del blog Crónicas desenfocadas) 

¿ Qué son los agujeros negros? ( una aproximación original)

Lanzar piedras al cielo
Es magnífico darse cuenta de que una actividad tan aparentemente estúpida como lanzar hacia arriba piedras pequeñas pueda ser la clave para entender alguno de los más escondidos secretos que guarda el universo.
Empecemos, pues. 

Te he puesto un casco para que la piedra al caer no te dé contra la cabeza. Verás que has conseguido elevarla unos cuantos metros hacia arriba, pero irremediablemente ha regresado. Eso no cuesta demasiado entenderlo. Ahora supón que te conviertes en un superhéroe. La  velocidad que le imprimes al proyectil es inmensa.
También ha vuelto a caer, y ahora con mucha más velocidad, por lo que el casco que he dibujado es mucho más grande y protector. La cuestión que podemos plantearnos en este instante es la siguiente: ¿hay alguna velocidad a la que podamos lanzar la piedra hacia arriba para conseguir que esta no regrese jamás? Es una pregunta extraordinaria, y su respuesta nos ofrece la clave para entender la esencia de algunos fenómenos curiosos del universo. Esta velocidad existe. Incluso tiene nombre. Los físicos la llaman velocidad de escape.
En nuestro planeta, la velocidad de escape es de aproximadamente 11 kilómetros por segundo. Eso significa que, si se lanza con fuerza hacia arriba cualquier cosa a esa velocidad- o a una velocidad superior-, jamás regresara a la Tierra. Continuará en línea recta hacia arriba sin que la gravedad de nuestro planeta pueda hacer nada por recuperarla.
Esos 11 kilómetros por segundo necesarios para que nada regrese al suelo representa una velocidad aplicable sólo a nuestro planeta. Si la tierra fuera más masiva, atraería a los cuerpos con más fuerza-recuerda la ley de Newton- y, por lo tanto, la velocidad de escape tendría que ser mayor. Podemos realizar un ejercicio de imaginación y especular sobre lo que ocurriría en planetas más grandes que el nuestro. Supón que vivimos en un mundo enorme, con una atracción gravitatoria fenomenal que requiera una velocidad de escape de, por ejemplo, unos 100 kilómetros por segundo. Y nada nos impide ir más allá y aumentar todavía más la masa de nuestro planeta imaginario. ¿Qué tal un planeta con mucha masa cuya velocidad de escape fuera, pongamos por caso, 150.000 kilómetros por segundo? Esa es una velocidad enorme, la mitad de la de la luz. En ese caso, sí que tendrías que ser un superhéroe enormemente poderoso para otorgarle a una piedrecita semejante velocidad. Pero podemos imaginarlo sin problema. Tus músculos son impresionantes y lo consigues. La piedra abandona el planeta ultramasivo y no regresa más.
Estamos a punto de llegar a un callejón sin salida, porque si continuamos aumentando la masa de nuestro mundo imaginario, podemos suponer que es tan enorme que la velocidad de escape sea de 300.001 kilómetros por segundo, la velocidad de la luz y un poquito más.
¿Qué pasaría entonces? Muy fácil. Que la velocidad que tendríamos que aplicar a una piedra para que jamás regresara a nuestro masivo planeta sería la de la luz y un poquito más.
Pero, un momento ¿no habíamos demostrado ya que ningún objeto puede viajar más rápido que la luz? En efecto, se trata de un límite de velocidad absoluto. Por tanto, un planeta tan masivo como este tendría una asombrosa cualidad: nada podría escapar de él. Todo regresaría a su superficie siempre.
¿Cómo sería un planeta así? Vamos a suponer que lo tenemos muy lejos de la Tierra y que lo miramos a través de un telescopio. ¿Qué veríamos exactamente?
Para responder a esta pregunta sería bueno que reflexionaras acerca de lo que significa ver. Como ya sabes, ver un objeto implica que unos rayos de luz incidan sobre él, reboten y lleguen a tus ojos para que tu cerebro los convierta en una imagen. ¿Verías ese planeta tan masivo? Para que pudiéramos hacerlo, la luz tendría que llegar hasta él, rebotar y viajar hasta tus ojos. Pero antes hemos dicho que la velocidad de escape de ese mundo hipotético era un poquito más alta que la velocidad de la luz. Por tanto, para que los rayos incidieran sobre su superficie, rebotaran y regresaran a tus ojos, tendrían que salir de allí a la velocidad de escape. Y ahora sabemos que esa velocidad es superior a la velocidad de la luz. La luz tendría que ir más rápido que la luz, lo cual es una contradicción. Conclusión: no podrías verlo jamás.
Un objeto tan masivo, capaz de no dejar escapar nada, ni siquiera la luz, sería perfectamente invisible para ti y para todo el mundo. Resultaría indistinguible del oscuro espacio vacío. Dicho de otro modo: sería negro, completamente negro. Los científicos tienen un nombre para esas cosas tan masivas. Les llaman agujeros negros.

El universo para Ulises    Juan Carlos Ortega

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